Las trampas, los hacks, los programitas… desde un sencillo parchís al mismisimo World of Warcraft. Si eres online y multijugador todos sufren la misma lacra: el cheating.
La industria del videojuego invierte millones al año para evitar situaciones que pueden hundir sus negocios. Porque el cheating tiene dos caras, la del jugador que se beneficia y la de otros miles que se sienten frustrados porque todo el esfuerzo dedicado al juego vale cero.
No tomar medidas rápidas y contundentes puede suponer que el indice de cancelaciones (Churn rate) aumente de golpe.
Y ese dinero se podría invertir en mejorar los juegos, la infraestructura, la atención al usuario… incluso se podría reducir los costes de suscripción. ¡Oye! ¡Tu suscripción a WOW lleva una tasa anticheats incorporada! Una razón más para odiar a los tramposos.
En Mundijuegos ya hemos comentado alguna vez como hemos invertido muchos recursos en crear sistemas para detectar las trampas, anularlas o entorpecerlas. De forma que aunque sea prácticamente imposible evitar a los tramposos, el porcentaje de ellos tienda a cero.
En este punto, los propios jugadores son la punta de lanza contra el problema, sencillamente porque son los principales afectados.
La clave está en recopilar toda esa información (base de datos, jugadores, logs..), combinarla y obtener datos fiables con los que trabajar. Algo nada sencillo, porque no deja de ser el típico juego del gato y el ratón…